| Fabricante de calzado asesinada de un balazo en la nuca estaba con su hijo de 11 años cuando criminal le disparó sin piedad en El Porvenir | |
CRUELES HOMICIDAS
Ignacia Rodríguez Dionisio (42), la fabricante de calzado asesinada el lunes de un balazo en la nuca, en El Porvenir, no se encontraba sola cuando el homicida que acabó con su vida metió la mano por la ventana de su vivienda para ultimarla. Al contrario, junto a ella estaba el último de sus cuatro hijos, un niño de 11 años que ahora debe recibir tratamiento psicológico para poder superar en trauma de haberla visto morir.
Tal como informamos ayer, el cruel episodio se produjo a las 4:30 p.m., en la cuadra 15 de la avenida Jaime Blanco, en Víctor Raúl Haya de la Torre. Ignacia Rodríguez vivía ahí con su familia. Se dedicaba a la fabricación y venta de calzado para bebés, y aquella tarde, la tarde en que fue ejecutada, se encontraba en la sala del inmueble con Raúl, su último hijo, de 11 años.
Ambos estaban sentados a la mesa; Ignacia alistaba los zapatos que iba a vender el fin de semana, en ciudades de la selva, y el menor, muy apegado a ella, la ayudaba, como siempre.
Cuentan los deudos que Ignacia le daba la espalda a la ventana, que estaba abierta. El criminal, cuya identidad es, por ahora, una total incógnita, aprovechó esto para dispararle.
MANO NEGRA
En efecto, el delincuente le disparó a Ignacia desde la ventana. Fue un solo disparo el que hizo. La bala se le incrustó a la desafortunada mujer en la nuca y le causó la muerte en el acto.
En su sitio, el niño alcanzó a ver apenas una mano que entró rápido por la ventana y también rápido desapareció. Raúl vio además a su madre desvaneciéndose sobre los materiales y sangrar de un orificio en la cabeza.
Los otros hijos de Ignacia, en sus habitaciones, salieron a ver qué había ocurrido, y al asomarse a la sala, encontraron a su madre inconsciente.
Lo que hicieron en seguida ya lo mencionamos: desesperados, trataron de salvarle la vida llevándola a un hospital, pero ya la suerte estaba echada para la fabricante. Hoy sus restos su velados en la misma casa en donde murió. Raúl, en tanto, todavía no logra sacarse de la cabeza la desastrosa imagen.
SIN SOSPECHAS
Al preguntárseles por las posibles causas del asesinato, ninguno de los parientes de Ignacia Rodríguez Dionisio sabe explicarse por qué la han matado. Según comentaron, no había recibido amenazas de ninguna clase, y tampoco era víctima de alguna banda de extorsionadores, como suele pasarle a la mayoría de comerciantes y fabricantes de calzado de El Porvenir. Por eso les sorprende que haya sido ultimada de un balazo.
“Ella nunca le hizo daño a nadie, no tenía enemigos. Aquí, en Río Seco, era muy conocida y estimada”, refirió Rosa Rodríguez, su hermana.
Hace un año, aproximadamente, Ignacia le pidió a Rosa que le garantice un préstamo en el banco pues pensaba incursionar en el negocio de la zapatería.
“Desde entonces fabricaba calzado para bebé y solía viajar a la selva a vender sus productos. Precisamente hoy (ayer) se iba para Tarapoto con su esposo. También viajaba a Ecuador; le gustaba el trabajo”, añadió.
Por lo general, Ignacia viajaba los fines de semana, el resto de días conjugaba su labor de fabricante con la de panadera.
“En las tardes, vendía pan junto a su hija, tenía una vitrina grande en el mercado; sus amigos comerciantes también están dolidos con lo que le ha pasado”, puntualizó su acongojada hermana.
Por ahora, el móvil del crimen es todavía investigado por la Policía, aunque son pocas las pistas que los agentes han conseguido. A pesar de ello, los deudos se han aferrado a la idea de que el asesinato ha sido un error. No encuentran otra explicación. “Quizá se han equivocado de casa”, dijeron, para luego añadir que esperan el inmediato arresto de los responsables.
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