Alianza Lima entrenaba en el campo principal de Matute a puertas cerradas, cuando de pronto todo tuvo que ser paralizado. Pasa que la tranquilidad de los futbolistas se vio alterada por insultos de grueso calibre que provenían de la cancha auxiliar del estadio íntimo.
Los jugadores abandonaron el lugar de entrenamiento para dirigirse a la tribuna norte y encarar a los agresores. Se trataría de un grupo de personas que alquiló el campo de césped artificial para un partido recreativo.
Cuando el plantel y el cuerpo técnico llegaron a la cochera para conocer lo que sucedía, ya no había nadie. El grupo de agresores se retiró al percatarse de la presencia de los jugadores. Después de unos minutos, el primer equipo regresó a la cancha para terminar con los estiramientos.
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